
No fue demasiado fácil llegar a la cueva. Significaba una caminata por el bosque y luego trepar, ayudado con cuerdas, hasta la boca de la cueva. Pero el pequeño grupo de campistas siguió valientemente a su guía y por fin estuvieron dentro.
Uno de los campistas, observó con bastante aprensión a los murciélagos que colgaban boca abajo cerca de la entrada, pero el grupo se estaba acercando más y él siguió con ellos. A medida que se adentraban, la luz del día se desvanecía y por fin sólo quedaba luz artificial.
El guía advirtió a los campistas que iba a apagar la luz. ¡De repente, se hizo oscuro! ¡Completamente, totalmente oscuro! El joven intentó ver su mano frente a sus ojos, pero falló. Aunque el resto del grupo estaba cerca de él y el guía hablaba justo frente a él, El comenzó a sentir una soledad invadiendo su alma. Fue extraño, fue inquietante.
¿Qué era esto que decía el guía? Les estaba hablando de otro lugar oscuro, un lugar de absoluta oscuridad exterior, un lugar llamado infierno. Les dijo que un día habrá un abandono de toda luz, de todo amor y amistad, de toda esperanza, para aquellos que van a ese lugar que es tan negro como la noche más negra, ese lugar de soledad, soledad para siempre.
¡Qué lección tan objetiva! El joven campista nunca lo olvidará y se ha asegurado de no ir nunca a ese lugar de oscuridad. De hecho, el Señor Jesús derramó Su sangre en la cruz para que “todo aquel que quiera” pueda escapar de ese horrible lugar. Dios “no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Pero si bien es cierto que “el que cree en el Hijo tiene vida eterna”, también es cierto que “el que no cree en el Hijo no verá la vida; sino que la ira de Dios permanece sobre él”. Juan 3:36. Y eso significará la oscuridad de las tinieblas para siempre. Oh, vuélvete de la oscuridad a la luz AHORA, antes de que sea demasiado tarde…ven a la Luz de Jesucristo!!!

El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida…Jesucristo

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